Sólo estaba el jilguero triste,
ese era su único pesar,
pues después de buscar
a un rincón fue a dar.
Una cereza esperaba encontrar,
para su dulce canto poder entonar,
pero sorpresa al confundirla fue,
con una ciruela cruel, que,
en su cuello el hueso dejó.
Al toser la semilla expulsó,
y un alegre silbido
de él se escucho,
el jilguero su canto entonó
y ya había dejado el rincón.
Embelleciendo el cielo voló,
y con su gracia y talento
las nubes esquivo,
encontrando la ccereza añorada,
y esta historia doy por terminada.
Es de humanos equivocarse,
como también levantarse y
aprender de los errores,
madurar y seguir adelante.
Ay algo peor que el fracaso, el no haber intentado nada.
martes, 10 de noviembre de 2009
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